Las enseñanzas de Don Beto


por Luis Ignacio Méndez Flores *
* Orientador educativo de educación secundaria en Ixtapaluca, Estado de México.

Ahora, en esta oportunidad de escribir, lo quiero hacer en remembranza a mi padre, y no necesito atenerme al calendario de festejos que impone el comercio trasnacional; es decir, no debo esperar a que llegue el “Día del padre” para colmarlo de regalos, comidas y testimoniarle mi amor y respeto. Quiero en este escrito hacer patente lo que mi padre representa para mí; aclaro que es mi opinión y a buen juicio de mis hermanos oigo y pienso que ellos coinciden con esta descripción:

 A ti, que eres como la patria: inaccesible al deshonor; a Usted, de quien se aprende –con el ejemplo- valores de los que norman la conducta humana: verdad, moral, libertad, justicia, amasijo que da sustancia a la varonía. Porque tú eres decencia, dignidad y humanitarismo en todos tus actos de cada día. Porque tan comprensivo eres con los demás, como severo contigo mismo. Porque valedor lo eres de todos, y generosidad y misericordia en el trance en el que hay que abrirse las telas del corazón. Filósofo de lo fugaz, del fatalismo suave y sin estridencias, tú te mantuviste tan ajeno al ruiderío, como aledaño a la sonrisa y el buen humor. El pudor y el decoro, la vergüenza y la dignidad, padre Beto.

Digo padre Norberto, y miro de tus ojos a tal varón de virtudes, pura reciedumbre y verticalidad, y una conciencia que en la humana conducta sólo un par de colores distingue: el blanco y el negro, sin más; el de la dignidad y el de  su contraparte; sin medias tintas, sin matices, sin disculpas. Miro esos ojos donde se columbran, machihembrados, mansedumbre y rebeldía, severidad y comprensión, la tolerancia, la gravedad y el humor juguetón, como también una que otra lagrimillas –de las enjundiosas. Todo a su hora. Porque claro, tu tienes el don de las lágrimas y ese don me enseñó a practicarlo con mesura; con decoro –aclaro; con claro decoro.

Trabajador de nacimiento y toda su vida ha sido así; dedicado al trabajo;  vida que vive para un propósito; ser honesto, serio y recto, formador de hijos que recibieron la enseñanza que tú interiorizaste de la vida: la de trabajar. Sacrificaste diversiones propias, placeres, amigos, días de descanso, y la convivencia en pareja, no viajaste ni vestiste bien, por ese afán y empeño de darnos a tus hijos lo necesario para triunfar en la vida. Aquí aclaro que no  menosprecio ni dejo de lado el trabajo de mi madre, que estuvo a la par y con la misma dedicación que mi papá.
Religioso y creyente, pero sin fanatismos, sin dogmas, sin sectarismos, y hasta puedo decir que sin miedos, además de respetuoso del ajeno derecho, la disensión y la disidencia, como de lo propio y natural.

Mi padre filósofo, sin tratados de filosofía, pero que sirvió para  lo que él quiso hacer: formar un hogar. Antes de que me casara me deseó la mayor de las suertes y que algún día tenía que formar mi propia vida y añadió: que si habrá de volar, tan alto como lo permitan las fuerzas, sobre el ruiderío y la estridencia, que si apartar de sí la quincalla y moldearse el espíritu; que, rebelde a toda mediocridad, álzate, vuélvete pura ánima y después de encomendarte a Dios, sé siempre varón a los ojos de tu conciencia, tu único juez; y con las bendiciones que me echa encima, me tornó indestructible, invulnerable con los buenos deseos.

Son tantos momentos que recuerdo, en donde te veo como el hombre que siempre, y todo el tiempo, trató de enseñarme algo; de tal suerte que me hiciera un ser productivo y aceptado en la sociedad. En el campo labrando la tierra y cosechando, son los mejores recuerdos que tengo, pues me enseñaste a trabajar la tierra, a cómo tratarla y tenerle amor. Y ahora entiendo que los surcos que araste, nos proporcionaron la tortilla para comer y dar de comer a los animales que nos enseñaste a criar. Recoger las cosechas de lo que tú sembrabas y la tierra te proporcionaba. Ahora la vida te recompensa, cosechando satisfacciones y trascendencia en la vida.

Óigame, Usted que me habla fuerte y con energía: frente a m zozobra lo miro todo el tiempo, y de tarde en tarde frente a mi paz interior, cuando emparejo mis hechos y proclamas, lo tengo enfrente y sonríe, y sé entonces qué razón tiene. Eso es todo papá Beto, que sus nietos con cariño y respeto se dirigen. Con mi cariño, respeto y admiración el testimonio: tú eres la sabiduría que encamina, el consejo que guía, la ponderación que sosiega, el ejemplo que incita, la presencia que sanciona mis actos  y el impulso para poner la proa hacia esa estrella inasible. La conciencia de mi conciencia Usted, padre...

 

Distribuir

Distribuir contenido

En línea

En este momento hay 0 usuarios y 8 invitados en línea.