El docente y las nuevas tareas *


Lic. Francisco Mora Larch **

(Publicado en "Palabra, el maestro en el hacer de la historia No. 51)

Durante cerca de 10 años apliqué un Programa de Desarrollo Humano, dirigido al personal de las unidades médicas del ISSSTE. El objetivo del Programa era: mejorar la calidad de la relación del trabajador de la salud con el derecho habiente (dhs). Una forma de explicar y justificar su aplicación era: si queremos una mejor atención a los dhs, debemos formar o capacitar al personal, para mejorar su calidad de vida, esto se reflejará en el trato o la atención que el personal brinde a los usuarios de los servicios médicos. De entrada me pareció interesante el plan de trabajo, debido a que no abordaba directamente la problemática de la atención en términos simples, se intentaba bordear el problema.

Más explícitamente, yo expresaba que la atención defectuosa a los dhs no se resolvía con una decisión administrativa o por decreto, tampoco era un problema de información, donde el personal o no sabía, o se le "olvidaba" atender bien a los usuarios, más bien era un problema de formación. ¿En qué?, o ¿de qué?, para mí, era un problema de formación humana. Los actuales agentes de la salud, han centrado su interés laboral no en las personas sino en otros aspectos del trabajo (administrativos, técnicos, ideológicos, de valores, etc.), y la atención a la persona se ve afectada debido a este proceso que aparece como “un descuido estratégico”.

Es trillada la idea de que una persona que decide estudiar psicología es porque tiene problemas psicológicos, esto tiene mucho de verdad. Para el trabajador de la salud (médicos, enfermeras, trabajadores sociales, dentistas, laboratoristas, etc.) no ocurre algo muy distinto. El trabajador de la salud ha escogido ésta profesión debido a factores que tienen ver con su salud y con problemas en sus relaciones interpersonales (un ejemplo: en la raíz de la vocación de la enfermera ha sido recurrente el tema de la muerte de una persona en el ámbito familiar cuando la futura enfermera rondaba la niñez). El magisterio no se salva de una historia que explique su dedicación a “formar” o educar a niños y jóvenes: la vocación o el deseo de ser madre o padre y lo que esto conlleva, es un aspecto personal importante en la vocación docente

Los Procesos Evolutivos. Dejo aquí estos antecedentes para pasar a hablar del docente y las nuevas tareas que le plantea su práctica profesional. Una de ellas es aceptar que debe enfocarse a favorecer el desarrollo humano de sus alumnos. Abordo éste último concepto: hace referencia a un punto de vista evolutivo y otro estructural; por ejemplo, ver al hombre como un ser en evolución constante, reflexionar sobre cómo es que la estructura humana es una estructura dinámica, con una historia que no termina, que se rehace a cada instante y se encuentra en permanente movimiento. Puntos de vista, enfoques de comprensión no excluyentes sino complementarios.

Ahora bien, pensando en un ser inmerso en sus procesos evolutivos, podemos identificar en ellos ciertas etapas estructurantes, referidas también a la presencia e intervención de agentes clave en el proceso de socialización. En los procesos evolutivos intervienen en un primer momento las figuras parentales, que tendrán una influencia determinante en los derroteros de este desarrollo. Hablo de figuras parentales y no de padres, porque no necesariamente son estos últimos los que cumplen la función paterna y materna, también podemos encontrar en la actualidad, que los cuidadores o educadores infantiles se convierten en segundos agentes de humanización.

En un tercer momento podríamos hablar de los maestros y docentes, junto al grupo de pares, y así, podemos seguir una línea que se presenta como una espiral, donde se dan desarrollos continuos y saltos, que implican estructuraciones y re-estructuraciones. Un ejemplo claro de esto, en el terreno de lo teórico lo representa el Psicoanálisis como ciencia, que incluye puntos de vista genéticos, evolutivos y estructurales, para dar cuenta de la producción de los individuos como seres humanos. Pero se nos escapa un aspecto en la descripción, los agentes socializadores se encuentran inmersos también en sus propios procesos evolutivos, el problema no es que esto suceda sino que no somos muy conscientes a veces de nuestros propios procesos, los que condicionan también la forma en que influimos en los procesos evolutivos de otros. No es lo mismo que yo me pare frente a un grupo en plena andropausia o menopausia a que lo haga a mis 22 ó 23 años, joven, pero sin mucha experiencia para vivir y acompañar a un grupo en su proceso de aprendizaje y formación.

Ahora bien, los procesos evolutivos, por lo menos hasta épocas muy recientes han sido vividos más que pensados, experimentados, más que reflexionados. El avance de la Psicología Científica llamó la atención sobre el ser en su esencia más íntima; creo que así fue como preparó el terreno para atender a las cuestiones de cómo lo social troquela y estructura a lo individual, y que el proceso de evolución individual sólo se entiende en el contexto en el que este se despliega, pero que además, más que un proceso son una serie de ellos los que se activan y mantienen entre sí relaciones y vínculos estrechos y condicionantes. De ahí que no sea gratuito que el mismo S. Freud escribiera algunos ensayos fundamentales de Psicología Antropológica como Tótem y Tabú o de Psicología Social como Psicología de las Masas y Análisis del Yo. En este texto es recurrente la cita de la famosa frase “en la vida anímica individual, aparece integrado siempre el otro como modelo, objeto, auxiliar o adversario y de este modo la psicología individual es al mismo tiempo y desde el principio psicología social, en un sentido amplio, pero plenamente justificado”.

Estudiar al neurótico llevó a conocerlo como el producto de influencias sociales, y más acá socio-afectivas, trama de relaciones emocionales tejidas y entre tejidas por el individuo y su medio familiar más próximo, que lo lleva en el curso de la existencia a transformarse en un ser humano. La importancia de lo emocional no podía ya obviarse o pasarse por alto. Algunos educadores empezaron a acercarse al Psicoanálisis, porque trabajando con niños intuían que el conocimiento aportado por aquél, permitiría educar 'de otra forma', o por lo menos, reflexionar sobre la comprensión que se intentaba empírica e intuitivamente acerca de la conducta infantil en general, y la conducta desviada en particular. O. Pfister, S. Bernfeld y otros fueron los pioneros; y las mujeres, con su instinto maternal por delante se abocaron al Psicoanálisis de niños, incluso muy pequeños: ahí están las obras de A. Freud, hija del creador del Psicoanálisis y M. Klein, cuya aplicación ortodoxa del Psicoanálisis para niños le valió serios cuestionamientos a su trabajo.

A. Freud desarrolló un interés por identificar los aportes precisos que el Psicoanálisis brindaría a los educadores para ejercer su labor de una manera más sana, y apegada a conocimientos científicos sobre el desarrollo del niño, escribió para aquellos, tratando de sintetizar los conceptos en un "Manual" para educadores. La influencia de estos aportes, por lo menos socialmente no ha sido significativa, aunque clínica y teóricamente hay descubrimientos relevantes. Y aquí nos podemos preguntar si los educadores y docentes necesitan realmente de estos conocimientos. Parece que la respuesta es afirmativa, pero así como los psicólogos, cuando participan en una experiencia de sensibilización o terapéutica son los que más se resisten a abrirse y exponerse, han sido los grupos de maestros y docentes uno de los agentes clave más resistentes a los cambios y a la introducción de la Psicología y en particular el Psicoanálisis a la institución escolar (véase Palacios, A., Lebrige, A., Betelheim, B., y Rogers, C. entre otros).

La Comunicación. Con un enfoque integral y holístico, como el que sostiene el Psicoanálisis, no basta para resolver la siguiente cuestión: si nuestra sociedad está cambiando vertiginosamente, produciendo una serie de efectos nocivos en los individuos, en los grupos y en el ámbito de lo histórico social, ¿cómo lograr que los individuos en desarrollo en ella, puedan integrarse y participar activa y críticamente en los nuevos rumbos que impone el desarrollo tecnológico e industrial?, porque pareciera neutralizado otro tipo de condicionantes que le hicieran contrapeso a estos factores. Cómo incidir para que ciertos factores (o valores) eviten la distorsión de un desarrollo que desemboque en la hecatombe urbana, ecológica, sanitaria, poblacional, de justicia, de derechos humanos, educacional, en fin, en la hecatombe humana.

Cierto es que mi punto de partida como psicólogo clínico se fundamentó en la obra freudiana, pero una mente abierta debe estar receptiva a todo aquello que enriquezca los marcos conceptuales de base, de ahí que temas y teorías debían integrarse en un conjunto que pudiera delinear los perfiles de un Ser Humano siempre en proceso de perfeccionarse como tal. De suerte que temas como la comunicación, los procesos de subjetivación, los modelos de funcionamiento de la personalidad, una teoría del conflicto social y no sólo psíquico o de la importancia del grupo para la persona, debían quedar incluidos en una propuesta que apunta no sólo a entender mejor, sino a vivir más plenamente, eliminando mistificaciones, la relación de un ser humano con otros.

"Tantos satélites en la era comunicacional, aún no logran acercamos totalmente bien".

Hombre, LA LEY, 1995.

Parece ser que con la comunicación tenemos un pequeño problema. Nos podemos preguntar hoy, y aquí: ¿con quién tengo problemas de comunicación? Enumeremos tres personas. Bien, pero creo que el hábito de pensar en términos "objetivos", en el afuera, nos permite observar el descentramiento de nuestro foco de atención. Parece que no es afuera sino adentro, donde residen los problemas, lo podemos ejemplificar con un chiste (la enfermedad rara).

El chiste, como muchos saben, es una formación del inconsciente, que utiliza el lenguaje de una manera no convencional para producir un efecto de sentido que capta aquel que está abierto a recibir un mensaje cifrado, en un juego de lenguaje, utilizando la polisemia de significantes de una manera que se podría catalogar de “creativa”.

El chiste dice así: llega un enfermo con el médico y este le pregunta: que le pasa?. – Es que Doctor, me duele todo mi cuerpo, me duele aquí, y aquí (le señala, tocándose con el dedo, cada una de las partes de su cuerpo) y si me toco aquí, también me duele, y aquí también. – el médico está intrigado, lo ausculta y no encuentra nada. Pues no, no veo nada raro, a ver su mano – No me toque el dedo que lo traigo fracturado.

Lo paradójico es que el paciente hablaba con la verdad, y sin embargo, es en el vínculo con el otro, que en este caso aparece como una demanda de ayuda, donde algo de lo que no tiene sentido, puede ser comprendido y explicado en otro nivel y no en la lógica convencional que domina nuestros procesos de comunicación. Parece que el problema de la comunicación empieza por dentro, pero sólo en el afuera social, es donde puede ventilarse y aclararse lo que sucede realmente con cada uno de nosotros, y a veces, tan sólo con una pregunta adecuada pueden indicarse las vías del "darse cuenta": ¿qué tan conectado estoy conmigo mismo?

Desde otro punto de vista, podemos decir que en este mundo todo es comunicación: cada acto, cada idea, cada producto humano es comunicación, lleva explícita o implícitamente un mensaje. La calle, el jardín, el edificio, las carreteras, la tv, el micrófono, el auto, la foto de la pareja, un gesto, una sonrisa, una mirada, un estornudo, un ademán, un esfuerzo, la cercanía o la lejanía. Hemos construido satélites para comunicarnos de continente a continente en fracción de segundos, pero parece que no podemos comunicamos con la persona que está o vive con nosotros día a día. ¿Hay realmente comunicación en nuestros salones de clase? O recortamos el tema del que se hable y lo circunscribimos a un coto cerrado, aislado del mundo real.

Comunicación y Educación. Y la educación en que se basa, ¿cómo es aquí la comunicación? ¿vertical?, ¿horizontal?, ¿en un sólo sentido?, ¿formal o informal?, ¿qué es comunicarse? Yo siempre he pensado que todo evento entre humanos, todo trabajo, toda tarea o labor es siempre un pretexto, un medio donde el fin último es encontrarnos, un encuentro como tal, cara a cara donde nos permitimos descubrirnos en afinidades siempre esenciales como ideal, o como dice una canción del ya maduro "nuevo canto", donde nos permitimos "coincidir".

Los investigadores de la Dinámica de Grupos desde los años 40s crearon ex profeso, diseños de experiencias grupales para iniciar una corriente teórico práctica y con una filosofía existencial llamada "desarrollo del potencial humano" y que en la actualidad se la identifica dentro de la corriente del "new age" (nueva era). En esa dinámica apareció el tipo de experiencias que C. Rogers bautizó justamente como Grupos de Encuentro. Aquí medios y fines coincidirían y así es como veo los procesos evolutivos, dándose, produciéndose en Grupo, donde los individuos nos encontramos. Sé que en el sentido más original, comunicación viene de comunicare, que es poner en común, compartir, dando y recibiendo, en un intercambio enriquecedor. En el ámbito educativo la mesa ha sido puesta, pero pocos, muy pocos se han sentado a ella con ese espíritu de toma y daca, de dar y recibir, de sentarse a comer en comunión.

Pero de nuevo, más que reflexionada, la comunicación se vive, se actúa... se bloquea, se niega, se distorsiona; parece que Dios nos dio la Palabra, pero no nos dijo cómo usarla. Sabemos que gran parte de lo que pasa en el mundo y cómo pasa, reside en nuestro estilo de comunicar y escuchar, de parlotear antes que hablar, y de oír antes que callar y entender al otro; y parafraseando a P. Freiré "nadie escucha a nadie y estando, nadie se escucha solo". De hecho seguimos pensando que vemos con nuestros ojos físicos y que escuchamos con nuestros oídos. Así, el mundo externo en el que vivimos, es independiente de nosotros, de entrada no tiene nada que ver con nosotros. En el mundo humano todo es construido.

Antes que eso, encendemos la tele para no pasar de ser un excéntrico que tiene tele y no la ve. Mal, vamos mal cuando sabemos que cientos de satélites orbitan la tierra para comunicarnos de un continente a otro, pero no podemos hacerlo con nosotros mismos sólo un momento, en nuestro hogar. Lo peor de todo es que cuando vemos al cielo, si es que se puede ver, confundimos esos satélites con una estrella fugaz o con un ovni.

Yo preguntaba ¿y en las escuelas? Es importante saber que en este aspecto, si las escuelas están para instruir y educar, el papel que cumplen no es del todo halagador. Siguiendo la enseñanza de la moderna pedagogía (Montesori, Freiré, Freinet, Oury y Vázquez, etc.), entiendo a la educación no como instrucción sino como formación. Al niño y al joven se le forma (o de-forma) en la escuela, ¿qué hacemos?, ¿cómo hacemos en verdad como docentes?, ¿dónde ponemos el énfasis?, en los aprendizajes escolares o en el aprendizaje de los vínculos interpersonales. Dice así una canción del 95 de un grupo argentino:

"en las escuelas nos enseñan a memorizar fechas de batallas, pero qué poco nos enseñan de amor"

Mal Bicho Los Fabulosos Cadillacs. 1995

Y hablando del amor, observemos lo que dice un psicoanalista como B. Bettelheim: "los métodos modernos para solucionar las dificultades de aprendizaje, dependen exclusivamente del amor". Parece decírsenos que es el vínculo, el tipo de vínculo que el maestro o docente establece con sus alumnos, el factor determinante en un buen proceso de aprendizaje social, donde se incluyen ambos agentes: profesores y estudiantes. Un epistemólogo como G. Bachelard menciona que "la relación maestro-alumno puede ser altamente patógena, por lo que requiere de un Psicoanálisis especial", y es que un individuo en desarrollo atiende no sólo a lo hablado por el docente, también y siempre reacciona más al tono de voz, a la expresión dibujada en su cara, a la mirada o a un ademán, a su forma de proceder antes que a la comunicación verbalizada. ¿qué tan conscientes somos de ello?

Volvamos la vista y reflexionemos acerca de cómo se comunican los docentes entre sí, ¿qué esconden?, ¿qué cosas se callan? Incluso y sobre todo, ¿cuánto se callan?, ¿cómo manejan sus juntas? O tan sólo cómo cambian de actitud, cuando al ir a tomar un curso se convierten en "adolescentes" o "niños" que demandan insistentemente roles complementarios de autoridad. Cosas obvias, que por tales, las vivimos, actuamos y ejercitamos, sin damos muy bien cuenta.

Un ejemplo de mi ámbito sería el siguiente. La psicología ha aportado mucho a comprender la relación maestro-alumno, a conocer los factores del aprendizaje, a entender e impulsar los procesos de cambio individual y grupal, pero curiosamente los maestros de psicología no aplican estos conocimientos psicológicos en sus materias y clases que imparten en la facultad de psicología. Domina en la mayoría de nosotros esa disociación de la que habla José Bleger entre el decir y el hacer, entre el pensar y el actuar, entre el sentimiento y la acción. Esto es así, desde una situación estructural que viene de lo social, desde que el trabajador se encuentra separado del producto del trabajo, y de la riqueza que curiosamente él produjo pero de la cual es despojado. La cuestión es tomar conciencia de las disociaciones, para combatirlas, resolviéndolas desde la educación formativa en la familia.

Es entonces que podemos empezar a auto-observarnos, algo hay que hacer empezando por nosotros. Por ejemplo, ya que trabajé durante un tiempo como Orientador Vocacional podría cuestionar y decir: ¿qué pasa con ustedes como docentes?, ¿Qué tan felices son como personas? ¿Cómo se sienten siendo docentes a estas alturas de su vida?, ¿Qué necesidades más internas cumplen, con este rol que juegan?, ¿En qué distorsiones de su rol caen a veces o muy a menudo? Encuentro que esto debe estar muy ligado con su función social, una responsabilidad de grandes proporciones se ha asumido al elegir esta profesión o actividad laboral.

Aporto un elemento desde la clínica: la forma de educar, "implica desear o querer que los niños o jóvenes sean, según no se que idea tengo de ¿cómo se debe ser, de cómo se debe comportarse, de cómo se debe reaccionar, respetar, obedecer, etc.?". Muchas jóvenes educadoras o maestras con un instinto maternal fuerte, tienden a la satisfacción de este último con su rol social; ese instinto es la base de su vocación, así que se entiende, es lógico y legítimo. Yo diría, y podríamos acordar, que es necesario pero no vasta. Para qué tener 20 ó 30 niños a su merced: "en mi grupo yo mando"; "son mis alumnos". Fíjense que demarcamos un feudo, una propiedad, más que una responsabilidad, ¿para qué?, ¿qué queremos hacer con ellos, qué queremos hacer de ellos? Pero a la vez, se expresa a través de nosotros la ideología social de la propiedad privada, del cerco que indica la prohibición del paso. Esto puede ser índice de aislamiento, o de paranoia. De hecho el aislamiento extremo y el encierro dan pie a los procesos delirantes, donde las fantasías individuales son la única verdad.

Como agentes clave de socialización, los docentes encarnan a la sociedad más amplia que exige aprendizajes, gestos, actitudes y pautas de repetición más que de acción o de transformación. Aquí debíamos pensar también (porque se nos olvida), en ellos, en los muchachos: ¿qué quieren, qué desean, qué y cómo se sienten,? fíjense en la letra de esta canción:

"Las palabras necias me dejaron sordo, y a lo aprendido en la escuela me negaré... del todo", (Culpable, Los Héroes del Silencio. 1993) dicen un grupo de músicos españoles.

Otro grupo, este mexicano, menciona: "somos sumisos y obedientes, con ganas de gritar, con ganas de matar, pero hace tiempo que aquí, nos educan para mentir" (Aquí no pasa nada, Caifanes. 1990).

La sensibilidad de los jóvenes en muchas partes del mundo sigue desnuda, clara, diáfana, y como vemos, gran parte del problema ellos lo achacan a la cuestión escolar.

Sin saber bien a bien a donde vamos, enseñamos; sin saber bien a bien para que lo hacemos y si esto en verdad sirve de algo. Yo plantearía que el desfase se presenta cuando, por poner énfasis en las metas ('que el individuo aprenda, no importa cómo'), olvidamos el cómo, sin ofrecer herramientas que pudieran servir como modelos de acción flexibles, para que puedan ser adecuados en un primer momento al individuo y secundariamente a los que le conciernen (grupos de pares, familia, etc.). Con esto me refiero a un concepto de la psicología social argentina: la adaptación activa a la realidad, de Pichón Riviere.

No podemos dejar de pensar en las transformaciones que vive el mundo actual, de cambios acelerados y a veces radicales. Estos procesos tienden a barrer las estructuras subjetivas individuales y grupales y con los espacios que las sostienen. Necesitamos desarrollar nuevas formas de subjetividad cuya prioridad sea la producción de sentido de lo humano social, individual y grupal. Veo en el tema de los procesos evolutivos, una visión integral y holística, es decir, abarcativa, que permite a quien se forma en las ciencias humanas, sentar bases confiables y elásticas para poder resonar en armonía con el movimiento del desarrollo social más amplio.

Si queremos un mejor futuro tenemos que preparar y preparamos para él desde este presente, pero no sólo con aprendizajes intelectuales, académicos o técnicos, sino viviendo experiencias que faciliten integrar las lecturas con la vida, las experiencias con la reflexión, las vivencias individuales en los espacios grupales.

Aquí, apuntaría a lo que un autor como E. Pichón Riviere llama un E.C.R.O., un Esquema Conceptual, Referencial y Operativo, integración de pensamientos y afectos, la conjunción del decir y el hacer. En el camino, y desde hace algún tiempo muchos transitan por lo que S. Gawain llama El sendero de la transformación, el que se verá enriquecido por muchos y diversos aportes que provendrán no sólo de la ciencia, del laboratorio o de las computadoras; las experiencias grupales no perderán su vigencia, antes bien, estando resueltos la mayoría de los problemas técnicos, nos daremos cuenta que el ser humano seguirá siendo el eje de las preocupaciones y de las acciones para alcanzar sociedades, instituciones y organizaciones más dinámicas, participativas y orientadas al pleno desarrollo del potencial humano de cada uno de nuestros congéneres; los docentes en este caso, tienen una función de suma importancia: transmitir la tradición y lo nuevo, y hacer partícipes a los jóvenes de conquistar el legado de nuestros antecesores.

* Conferencia Pronunciada en la Esc. Preparatoria Técnica “Gral Emiliano Zapata”. En el marco de la XI Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, el 28 de Oct. Del 2004.

** Lic. en Psic. Clínica. U.A.N.L. 1983. Formador de Coordinadores Grupales con Técnica Operativa. Actualmente Colabora con el Centro de Apoyo y Servicios Académicos de la U. A. N. L. como Consultor Externo en la Formación de Docentes y Tutores Universitarios. También, colabora como Instructor externo en la Normal Serafín Peña de Montemorelos Nuevo León, aplicando un Diplomado de Formación Docente, como entrenamiento para desarrollar la función de tutores normalistas.

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