La educación ambiental


Por Nicolás Mendoza Padilla *

* Director escolar de secundaria en Chalco, Estado de México y socio fundador del Colectivo Cultural Palabra S. C.

La educación ambiental es considerada como un campo emergente en la pedagogía contemporánea, apareciendo en la década de los años setenta en los países industrializados y en los ochenta en América Latina y el Caribe.

Una designación sobre educación ambiental es aquélla que reconoce una gran variedad de visiones, enfoques, métodos y experiencias educativas que han contribuido a la comprensión de las relaciones de la sociedad con la naturaleza, así como a la “adopción de estrategias de nuevas vías para desarrollar educativamente a las sociedades sobre todo en aquellos aspectos que reivindican un mayor protagonismo de los componentes cívicos y ecológicos” (CARIDE Y MEIRA. 2001)

Corresponde a los ecólogos dar la voz de alerta ante una industrialización irracional contaminante y destructiva del medio ambiente, reconociendo valores y conceptos para crear habilidades y actitudes necesarias para comprender y apreciar la relación natural y social entre el hombre y su medio circundante, creando normas y códigos de comportamiento para proteger y mejorar el ambiente.

A la educación ambiental se le ha tomado como una asignatura que lleva implícita a la biología, química, física, ecología, geología, meteorología, geografía física, botánica y el civismo, así como toda ciencia que implique los sistemas y formas de vida de la tierra. Por igual es frecuente emplear el término educación ambiental con estudios al aire libre, lo mismo para enseñar la conservación del medio ambiente y estudios sobre la naturaleza. Al mismo tiempo, parte del problema se debe también a que el mismo término de «educación ambiental» es un nombre que pudiera ser no del todo apropiado.

Para un estudioso de la educación ambiental como Cristian Frers el término apropiado sería «Educación para el Desarrollo Sostenible», ya que «indica claramente el propósito del esfuerzo educativo: educación sobre el desarrollo sostenible, el cual es en realidad la meta de la educación ambiental» (FRERS. 2005)

La globalización económica ha acelerado y agudizado la problemática ambiental, en donde las naciones industrializadas imponen nuevas pautas tanto en la producción como en el consumo de recursos y corresponde a la educación potenciar al máximo la formación y capacitación ambiental en distinto ámbitos de la sociedad, desde los que tienen en sus manos la toma de decisiones, hasta los ciudadanos, en donde nuestra actuación diaria incide en forma directa sobre el medio.

Las acciones individuales y grupales tiene influencia directa en la relación entre calidad de vida y las condiciones del ambiente. Y esto va más allá de la toma de conciencia, ya que no es suficiente que uno comprenda el grave riesgo en que se encuentra nuestro planeta, sino también debemos de comprender que muchas de las acciones humanas afectan las reglas ambientales y el conocimiento de tales reglas pueden ayudar a guiar la conducta humana. Ejemplificando: si una persona tira un papel a la calle, no es problema, el problema radica en que somos 100 millones de mexicanos y si todos tiramos un papel, imaginemos la cantidad de basura que tendremos. Otro ejemplo lo tenemos en el uso de vasos, platos, cucharas... y cientos de productos desechables, que después de un uso son tirados a la basura, generando con ello toneladas de basura, que es depositada en tiraderos a cielo abierto, tan lejos de nuestras casas, pero tan cercanos a otras. Igual de grave es el consumo de recursos naturales, ¿Cuántos árboles se necesitan para hacer un cuaderno, un lápiz? ¿El petróleo será un recurso natural eterno? Si nadie lo considera así, entonces por que lo consumimos irracionalmente.

Los problemas ambientales son frecuentemente causados por las sociedades humanas, por el ser racional que cohabita con otras especies en este planeta; por tanto, somos nosotros las causas primarias de muchos problemas ambientales y sus soluciones tienen que ver con acciones colectivas, con la adquisición de una visión objetiva del funcionamiento de la sociedad de consumo, con el estímulo al individuo a tomar parte efectiva en la vida de la comunidad, elevando su responsabilidad y comprendiendo que una de las primeras reglas para cuidar el medio ambiente es el manejo conciente de los recursos naturales.

La escuela, mediante la educación ambiental o la educación para el desarrollo sostenible, puede ser un instrumento eficaz, convirtiendo al alumno y al ciudadano en seres responsables con profundo respeto al ambiente natural, cultural y social en el que viven, basándose en la sensibilidad y toma de conciencia. Aprovechando la participación de científicos, técnicos, profesionistas y docentes es también posible demandar la incorporación de la política ambiental en las políticas públicas.

La labor del docente en este rubro debe incluir en su práctica, experiencias donde el juego, la acción y el contacto directo con el medio, sean los pilares fundamentales en los que base su enseñanza. Desde el preescolar al niño se le debe inculcar ideas y formas de conservación de la flora, la fauna y demás componentes del ambiente, formando en el alumno el respeto el amor y el interés por la conservación del medio ambiente. La familia debe coadyuvar en la conciencia conservacionista del hombre del mañana.

Si como maestros vamos integrando al niño a la sociedad de una manera armónica, formándole política e ideológicamente en correspondencia con los principios de nuestra sociedad, el niño ocupara el lugar que le corresponde en la naturaleza, como elemento de ésta; sin duda comprenderá que es parte integrante del sistema ecológico y que tiene un deber por cumplir.

Ecología, contaminación, deforestación, tráfico de flora y fauna, polución, residuos tóxicos, capa de ozono, energías alternativas y calidad de vida, son términos que en la actualidad se leen y escuchan en forma constante. Esto desde luego tiene un aspecto positivo, que busca la toma de conciencia del individuo en todos los niveles, sobre la existencia de problemas reales y graves.

La tierra, nuestro hábitat, tiene límites y es frágil, el crecimiento demográfico es impresionantemente alarmante, el enorme progreso tecnológico, la utilización desmedida y descontrolada de los recursos ejercen en su conjunto una presión intolerable sobre el ambiente; un factor importante que distingue a la sociedad contemporánea de las anteriores, es el ritmo de los cambios a los que se somete el ambiente y a la universalidad de sus consecuencias.

Las acciones de prevención y la calidad de vida de las generaciones futuras dependen en gran medida, de las opciones y alternativas que los seres humanos interioricemos aquí y ahora y aportemos durante nuestra propia vida, desarrollando el análisis, la reflexión y sobre todo la acción, destinados a la comprensión, prevención, y corrección de los daños actuales del ambiente. Debemos insistir en la búsqueda de acciones concretas que permitan soluciones o brinden alternativas de curación y prevención de los problemas ambientales.

Mientras no entendamos que el ser humano es inseparable de su medio ambiente y que la alteración de este medio tendrá un efecto sobre el hombre mismo, tarde o temprano. Existen acciones como el reproducir los mensajes de conservación del medio ambiente, el ahorro de recursos naturales, el ahorro de energía eléctrica, dosificar la basura, buscando siempre el reciclado son alternativas que poco a poco ganan adeptos en la protección del medio ambiente.

Una acertada educación ambiental debe de canalizar, coordinar y orientar todas las inquietudes para proteger y conservar el ambiente, pero sobre todo ofrecer por lo pronto, herramientas acordes para comunicar mensajes que logren el cambio necesario en la actitud de cada individuo, para garantizar con ello, que los recursos existentes, puedan ser disfrutados por las generaciones posteriores.

Bibliográfía:
* Caride y Meira. Citados en Grupos de Investigación Ambiental
* Freís, Cristian. Técnico Superior en Gestión Ambiental, Técnico Superior en Comunicación Social. Tte. Gral. Juan D. Peron 2054, Buenos Aires. Argentina.

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