Intervención docente ante la Violencia en la escuela


Por S. Imelda Domínguez Ayala *

* Directora de secundaria, docente de educación media superior e integrante del Colectivo Cultural Palabra S. C.
sidominguezayala@colectivopalabra.com

Sin duda las preocupaciones más frecuentes para los docentes, tienen por temáticas aquellas eminentemente pedagógicas como: cuáles son los métodos de enseñanza más eficientes para emplear en una signatura, nivel, modalidad o contexto determinado, qué recursos son más accesibles y eficaces para el desempeño de la tarea educativa, qué instrumentos, modalidades y/o tipos de evaluación están a la vanguardia en la pedagogía, qué principios, conceptos, teorías y aplicaciones -en las diversas ramas del conocimiento- son más indicadas para incorporarles como bagaje cultural en las clases; pero ¿cuántas veces hemos discutido sobre la violencia en la escuela como temática formal en espacios colegiados?

La indisciplina es un tema frecuente en los pasillos, una razón para la presencia de bajas calificaciones, pero pocas veces un tema de discusión colegiada, quizá porque creemos que es ajena a nuestra tarea profesional, o porque existe un temor velado que delate nuestra incidencia en ella, hasta convertirla incluso en tabú.

Es frecuente que ante un grupo indisciplinado se responda con rigidez en los criterios de calificación, o ante los alumnos desobedientes, violentos o apáticos se actúe con indiferencia o violencia verbal, también lo es que se recurra a la transferencia (encargarle al padre, al director o al orientador) y que muchas situaciones se omitan o desconozcan por considerarles ajenas a nuestras responsabilidades. Sin embargo, al responder sinceramente a la pregunta: cuántas horas hemos gastado en resolver problemas referentes a violencia en la escuela, resulta que no son pocas; entonces, discernir sobre violencia en la escuela es hablar de un tema que nos atañe, porque la convivencia entre los sujetos involucrados en la educación, como tarea social, es una condición de la escuela.

Una multiplicidad de interpretaciones sobre lo que debe o no considerarse violencia nos llevan permitir u omitir ciertas conductas en el aula; en este artículo delimitamos que “Toda acción intencional que pueda provocar o provoque daño físico, psicológico o sexual”1 es violencia, y aquellas conductas que usan la fuerza y la agresión para alcanzar objetivos individuales, pueden ser incluidas en la misma conceptualización. De tal modo que, como el espectro de conductas es muy amplio, presentamos también la agrupación que hace Avilés Martínez2 sobre los tipos de problemáticas escolares:

a) Problemas de indisciplina: Sucesos de incumplimiento de las normas y reglas de convivencia en el centro escolar de una forma reiterada y continuada. Hechos como la negativa a cumplir órdenes, tirar cosas, etc.

b) Conducta antisocial: Se trata de la indiferencia grave hacia las normas sociales con ostentación y sin ningún sentimiento de culpa. Incluye hechos como injurias ofensivas, mentiras, robos, rallado de coches, destrozos en el mobiliario, falsificación de firmas, consumo de estupefacientes, etc.

c) Bullying: Maltrato e intimidación entre iguales. Conductas que se resumen en acciones violentas de un líder apoyado por un grupo que arremete o intimida a un alumno.

d) Conductas disruptivas: Comportamientos molestos que suceden con impulsividad, falta de motivación y marginación del trabajo escolar; como molestar e interrumpir frecuentemente en clase, deambular en el aula, molestar a otros, preguntar insistentemente, levantarse sin permiso, etc.

e) Desinterés académico: Comportamientos de apatía, desinterés y desidia como estar en clase y no interesarse en nada de lo que puede aprenderse en ella; el alumno se ausenta mentalmente, no presta atención, incluso llega a dormirse en la butaca, no reacciona adecuadamente ante los requerimientos del profesor.

Desde la anterior clasificación, se hace claro que las relaciones humanas están influidas por una serie de situaciones que alteran el desarrollo de nuestras acciones en grupo, inciden en nuestro desempeño y complican el alcance de nuestras metas. Un buen principio sería entender que la relación humana históricamente ha estado acompañada de conflictos, la historia de la humanidad narrada en nuestros libros da cuenta de cruentas guerras y feroces batallas, pero también nos muestra que las épocas de desarrollo y prosperidad están acompañadas de colaboración entre los sujetos, armonía, entendimiento y participación colectiva en las acciones. Así un buen ejercicio sería reflexionar sobre las situaciones que están afectando la actividad en el contexto escolar, escuchando la voz de todos sus participantes: alumnos, profesores, padres de familia y autoridades escolares. Es obvio que la problemática puede presentarse en diferente grado, siendo alguno de ellos ineludible y natural, situación que sin desconocerle no debe afectar el desarrollo de nuestras actividades.

Y una vez que se han identificado, descrito y reconocido situaciones problemáticas de violencia escolar ¿qué? Aún quedan dos pendientes por estudiar: las causas y sus participantes. No todos los problemas afectan el desarrollo del trabajo del maestro ni le concierne directamente su tratamiento, pero si su conocimiento; de las categorías mencionadas arriba, las conductas de disrupción y la indisciplina son las que más afectan el trabajo áulico y la relación entre maestro-alumno-alumno; el desinterés académico y la indisciplina preocupación de los padres de familia, así como el bullying y las conductas antisociales, están asociadas a los otros, a lo estructural y son cubiertas con un velo muy pesado para hacer más difícil su reconocimiento.

Revisemos con más atención las causas y sus participantes:

a) Causas relacionadas con variables individuales:
Devienen de la construcción del sujeto en su estructura personal, el cúmulo de experiencias personales hace que un individuo sea diferente a otro, porque cada experiencia tiene una significación y relevancia interior particular. La conformación de su familia, la imagen heredada sobre el rol de su sexo, las expectativas sobre sí, su escuela y su futuro, la confianza en sí mismo se construyen interiormente a partir de experiencias exteriores y con la participación de los sujetos cercanos: sus padres, hermanos, familia extensa, compañeros, maestros y pares3. Así, no hay una receta para formar individuos estándar, mucho menos ideales, tampoco necesitamos conocer el proceso de construcción de cada uno de ellos cuando no tenemos los detalles de nosotros mismos. Pero si necesitamos explicarnos la conducta de un sujeto, sabremos que debemos acudir a él y su historia personal e influirle, además que podemos formarle acercándole experiencias con sentido.

b) Causas asociadas a variables de grupo o institución:
La dinámica socioafectiva de los grupos en los que un alumno se inserta, le condicionan y forman deliberadamente. Cuando se pertenece a un grupo debe asumirse esa permanencia, pasar al plano volitivo; sus normas y reglas deben constituirse en un consciente verbal y, sobre todo, en práctica cotidiana. La violencia, tal y como fue definida inicialmente, se deriva de la omisión o trasgresión a las normas. Todo grupo posee normas y reglas en apego a sus valores. En el aula el docente debe promover, hacer patente y velar por el respeto a los valores a través de la participación cotidiana de todos. Es claro que es sobre estas variables, estrictamente escolares, donde el profesorado tiene —y puede— hacer el mayor esfuerzo de prevención pues a decir de Moreno Olmedilla:

“La dinámica socioafectiva de las comunidades y los grupos dentro de los que viven los alumnos, las complejidades propias del proceso de socialización de los niños y los jóvenes, la dimensión educativa, que incluye la configuración de los escenarios y las actividades en que tienen lugar las relaciones entre iguales, el efecto que sobre dichas relaciones tienen los distintos estilos de enseñanza, los modelos de disciplina escolar, los sistemas de comunicación en el centro y en el aula, el uso del poder y el clima socioafectivo en que se desarrolla la vida escolar.… tienen una importancia crítica; resulta fundamental poder ser capaces de identificar qué aspectos de la vida del aula y de la escuela tienen una incidencia en la configuración de las relaciones interpersonales de nuestros alumnos, en los modelos y patrones de convivencia, y, en definitiva, en la posible prevención del comportamiento antisocial.” 4

c) Causas de variables asociadas al contexto sociocultural:
Los elementos estructurales de la sociedad como: religión, etnicidad, nivel educativo situación política y niveles económicos, son asociados también con los niveles de violencia y/o tolerancia permitidos por una comunidad. En al actualidad no omitimos citar la presencia de ideologías radicales o fundamentalistas como causales de violencia social en el mundo, racismo y xenofobias que derivan en violencia física. La violencia se ofrece incluso como un bien a adquirir en la sociedad de consumo (películas de acción, dibujos animados, música, videojuegos, bailes), y se presentan como apologías de una realidad donde el héroe es el asesino y la violencia el mecanismo de realización personal. Nuestra actitud ante la violencia es una, pero ante los bienes de consumo que la contienen nos mostramos ávidos y suelen ser el mejor regalo de nuestros niños.

Muchas de las causas de la violencia en el aula son incontenibles por el docente, pero estudios europeos como el de Mooij (1997) citado por Olmedilla, encuentra que:

“…Una variable tan concreta como el porcentaje de tiempo lectivo que el profesor dedica en el aula a procesos de grupo y relaciones interpersonales está relacionada con la disminución de los comportamientos disruptivos y de maltrato entre iguales; lo mismo parece ocurrir con el porcentaje de tiempo lectivo dedicado a cuestiones de normas, orden y disciplina.” 5

Ante una problemática tan compleja y reconociendo que la disciplina no es un fin en la escuela sino una condición para el aprendizaje y el desarrollo de los alumnos en grupo ¿Qué podemos hacer? Aquí algunas sugerencias:

1. Pongámonos de acuerdo en las normas y reglas de convivencia que compartimos, fijemos objetivos y fines en nuestra acción. Las reglas deben ser pocas, claras y para todos.
2. La disrupción e indisciplina se fomenta cuando cada salón, cada maestro, cada materia y hasta cada día son mundos con normas diferentes, pues entonces estas se laxan y cada quien actúa para el momento, propiciando el desorden.
3. Identificar a los líderes negativos, que suelen ser los causantes de la disrupción. Tener en cuenta que su conducta suele ser producida principalmente porque quieren llamar la atención de sus compañeros o del profesor, pues tienen carencia de normas y/o afecto; hay que atenderles sin centrarnos en ellos y dejarlos en manos de “expertos” (orientadores, psicólogos, etc.) dentro o fuera de la institución.
4. Ante la disrupción no centrarse en ella, sino plantear alternativas centrando la atención en la tarea (no permitir que el alumno nos saque de la actividad, llevémoslo a ella). Buscar el apoyo del grupo (alumnos y docentes) sin sobre atender o soslayar.
5. En las primeras semanas del curso sentar las normas con claridad, conocer las expectativas que tenemos de su trabajo, las demandas y los modos de proceder. Crear un clima para aprender, reflexionar sobre el procedimiento. Evitar caer en el “soy su amigo para lo que sea” o “aquí mando yo”.
6. El profesor es autoridad; la autoridad es directiva, da razones.
7. Cuidar el bullying, que suele existir sin que el profesor lo sepa y debe ser abordado por tutores, asesores y orientadores; sobretodo en fases tempranas (de acoso) para llegar al acuerdo y al compromiso de acción, de acuerdo a la norma y prevención de la violencia.
8. Cuidar el espacio de trabajo: la limpieza como hábito, adornar el salón con sus trabajos cambiándolos periódicamente, evitar que mueran de olvido.
9. Atención individualizada a alumnos con problemas graves de conducta. Acudir y ayudar al tutor. No acusar, ni permitir ser acusado. No servirá de nada la entrevista entre profesor y tutor en la que no se incluya el compromiso del alumno o en la que al despedirse alguno de ellos diga “…entonces, ahí se lo encargo”.
10. Preparar la clase con intención de interesar, tomando en cuenta diversidad de recursos y su uso racional en el tiempo disponible; fomentar el respeto y valor por el trabajo evitará que las cartulinas sin usar se convierten en toletes o que la plastilina del trabajo subvaluado que ya no sirve, sea transformado en proyectil, etc.
11. Respetar los horarios de trabajo, iniciando con el saludo a los alumnos en el aula y sus asientos, hasta el despido en las mismas circunstancias.
12. Utilizar métodos variados con actividades que no estén ni demasiado lejos, ni muy cerca de su nivel –ubicarlas en su área de desarrollo próximo- que les sean comprensibles, desmenuzadas para que sepan bien qué hacer.
13. Ocupar siempre un lugar central en la clase, mantener mucho contacto visual, cuidar el contenido de los mensajes verbales y no verbales, escanear la clase, no permitir que una parte de la clase nos secuestre, moverse en el salón para ver la tarea de los alumnos.
14. Encuestas, cuestionarios, sociogramas y entrevistas son instrumentos útiles para sondear la situación del grupo -¡jamás un fin en sí!- y pasar al diseño y ejecución de programas de integración grupal, apoyo psicopedagógico y tutoría.
15. Prevenir con la organización del trabajo académico es la mejor alternativa ante los problemas de violencia en la escuela.

Notas:
1 www.tolerance-spinning.org
2 Avilés Martínez, José Ma. Bullyingcast: intimidación y maltrato entre el alumnado. España 2002, Stee- Eilias.
3 Piña Osorio, Juan Manuel. La Construcción social de sujeto, México.
4 Moreno Olmedilla, Juan Manuel. Comportamiento antisocial en los centros escolares: una visión desde Europa. http://www.educacionenvalores.org/
5 Ibídem.

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