Editorial Palabra No. 36


El modelo económico industrial vigente ha promovido el uso ilimitado de los recursos naturales en beneficio del crecimiento económico, fomentando el consumo creciente, y provocando el quebranto ambiental, pobreza e inequidad social. Al mismo tiempo, los estilos de vida, prácticas y valores de los ciudadanos, poco abonan a la protección de su hábitat. Cada vez son más evidentes los efectos del deterioro ambiental expresados en el cambio climático que experimenta el planeta. ¿Qué hacer Frente a tal escenario? Es evidente que el problema -además de económico- tiene connotaciones educativas. En la medida en la que la formación de valores cívicos –aprender a vivir con el otro- se vincule a la protección sistemática del hábitat, las posibilidades de revertir el deterioro ambiental se incrementan.

La educación ambiental es un ámbito relativamente reciente y prácticamente inexistente en la escuela mexicana. Ofrece visiones, enfoques, métodos y experiencias que buscan explicar la relación sociedad – naturaleza de manera integral; Dos son los enfoques que le caracterizan: el conservacionismo de la naturaleza por un lado y, por el otro, aquél que promueve el manejo adecuado de los recursos naturales vinculado funcionalmente al desarrollo económico de la sociedad. El primero promueve “educar acerca del ambiente o en y a través de la naturaleza”, el segundo una “educación para la naturaleza y la sociedad sustentable”. Esta última se presenta como integral al tomar en cuenta las relaciones entre sociedad y naturaleza y desencadenar la participación responsable y crítica de los sujetos.

En el contexto de la educación formal, tales propuestas no han tenido eco. A la fecha no se ha integrado explícitamente a los planes y programas de estudio de la educación básica. La presencia de criterios y acciones vinculadas a la educación ambiental se presenta en el terreno no formal, en el ámbito de las organizaciones sociales y civiles. De manera lenta, pero creciente, algunas instancias oficiales, universidades públicas, organizaciones de la sociedad civil y la iniciativa privada han sumado esfuerzos para propiciar la génesis de una conciencia ecológica y ambiental de la que en este número Palabra ofrece una muestra.

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